Los discursos parlamentarios de Práxedes Mateo-Sagasta

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1610
Legislatura: 1894-1895 (Cortes de 1893 a 1895)
Sesión: 15 de marzo de 1895
Cámara: Congreso de los Diputados
Discurso / Réplica: Réplica
Número y páginas del Diario de Sesiones: 84, 2270
Tema: Explicaciones sobre la situación del crucero Reina Regente

El Sr. PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor Presidente del Consejo de Ministros.

El Sr. Presidente del CONSEJO DE MINISTROS (Sagasta): Para decir al Sr. Carvajal que no ha tenido razón, que no había fundamento alguno para que S. S. hubiera vuelto sobre el asunto en la forma y en los términos en que lo ha hecho; porque si las palabras del Sr. Spottorno obligaron a callar al señor Muro, no comprendo cómo esas mismas palabras han obligado a hablar a S. S. (El Sr. Carvajal: El silencio de S. S.) Pero si mi silencio era lógico una vez que había dicho antes de hablar el Sr. Spottorno todo lo que hay en el asunto . ¿Por dónde se ha figurado S. S. que yo he ocultado nada? ¿No estaba aquí S. S. cuando he leído todos los despachos que tengo, y cuando he dicho que estoy dispuesto a manifestar al Congreso todo lo que ocurriera, favorable o adverso? ¿Por dónde supone S. S. lo que ha dicho respecto a que el Gobierno quiere guardar silencio? ¿Qué ganaba el Gobierno con ocultarlo? No; las palabras del Sr. Spottorno están en su lugar, porque ya he dicho que todos estamos en una incertidumbre grande, porque se une la esperanza con la desesperación, que es el ansia insoportable, estado en el cual está el Sr. Spottorno, que, además de tener el sentimiento de todo español, tiene el sentimiento de que el comandante del barco es hermano suyo, y no es extraño que haya abultado y que haya creído la desgracia más inminente; pero hasta ahora no hay más que lo que resulta de los partes que he tenido el honor de leer a la Cámara, y declare ahora que sin saber lo que ha ocurrido, nadie debe cerrar la puerta a la esperanza, porque lo que más ha alarmado han sido los restos encontrados en la playa de Tarifa, y algunos de los cuales parece que son del Reina Regente.

Pues bien, yo debo declarar que la playa de Tarifa está cubierta de restos de buques, porque a la vista de Tarifa se han perdido treinta y tantas embarcaciones mayores o menores, y que entre esos restos se han encontrado algunos que parecen del Reina Regente; pero lo que se ha encontrado del Reina Regente, es aquello que se lleva sobre cubierta, y que puede haber sido arrebatado por una gran ola o en un balance del barco, y, sin embargo, el barco continuar su marcha. Y yo tengo la esperanza de que aparezca en el mar, quizá como una boya, esperando que alguien le socorra, o en algún puerto a que haya podido arribar; porque es natural que el buque haya tornado rumbo a uno de los dos mares para capear el temporal; y como hasta ahora no hay motivo para creer que el barco se haya hundido en el mar, hay la esperanza de que aparezca por alguna parte, sin que sea bastante para hacerla perder el haberse encontrado alguna de aquellas cosas que los barcos llevan sobre cubierta, porque es muy fácil que lo haya arrebatado de ella algún golpe de mar.

De manera que no repliqué nada al Sr. Spottorno por no aumentar su aflicción y porque había dicho cuanto era necesario y cuanto podía decir.

No ha tenido, pues, razón el Sr. Carvajal en esto. No la ha tenido tampoco al hablar de contradicciones, que no han existido, entre el Sr. Díaz Moreu y yo, porque hemos convenido los dos en que el barco tenía buenas condiciones, salvo ese inconveniente que he dicho, no sé si por haberse variado la artillería, o si por la forma y condiciones de la construcción; no lo sé; pero ese inconveniente, que es el del balanceo de proa, lo que se llama dormirse el barco, ese balanceo ha llegado en ese barco en ciertos momentos a ser una verdadera enormidad, en ocasión en que iba a su bordo, creo que como segundo comandante, el ilustre marino Sr. Villamil; y, sin embargo, el buque volvió a tomar su posición natural. También es posible que en este caso haya ocurrido lo mismo.

No ha habido, por tanto, contradicción entre el Sr. Díaz Moreu y yo, ni tampoco habla ahora el señor Díaz Moreu de responsabilidades. (El Sr. Carvajal y Hué: Yo sí.) Pues permítame S. S. que le diga que éste no es momento oportuno para hablar de responsabilidades; ese momento llegará. Ahora creo que no es ocasión de hablar de cargos; al menos yo no estoy en disposición de contestarlos; tan preocupado me tiene la suerte del buque, y, sobre todo, la suerte de sus tripulantes. Y como estoy preocupado con eso, y haciendo cuanto en mi mano está para averiguar en definitiva cuál es la suerte de ese barco, dejo pasar los cargos, que ya llegará el día de contestarlos, y veremos de quién pueda ser la responsabilidad, aparte de la Providencia; y yo me defenderé en todo lo que sea posible, como se defenderá aquel a quien puede ir más directamente la responsabilidad, si es que la hubiere. Entretanto, tenga calma el Sr. Carvajal. Veamos primero si es posible remediar el mal, y después exigirá S. S. todas las responsabilidades que estime convenientes . Ahora procuremos salir de la incertidumbre en que nos encontramos.

Yo aseguro a. S. S. que en el momento que haya la más pequeña noticia favorable o adversa, tendré el gusto, si es favorable, de ponerla en conocimiento del Congreso, pero el sentimiento, si es desfavorable, de comunicársela también, sin que me detenga ni lo uno ni lo otro; que al fin y al cabo, en el Congreso debe haber bastante virilidad y energía para que, si en efecto, ha tenido lugar una desgracia tan inmensa, se sobrelleve con la resignación propia de los pueblos libres y vigorosos.



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